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| Jueves, 25 de Agosto de 2011 09:30 |
Uno de los tantos Precios de la Democracia...Por Alex de Valente Resulta irónico que donde el régimen establecido ha sido decidido en base a la opinión de la mayoría, sea una minoría la que pretenda decidir que las necesidades de la gran mayoría, ésa que los legitimó y los llevo al Poder luego no sea oída, no sea estimada en ningún sentido.
El concepto de la democracia, que yo sepa, ha sido el de aquél gobierno elegido por el pueblo... entiéndase para que no hayan malas interpretaciones, el elegido por una mayoría, por lo tanto esas mayorías son las que en teoría manejan y tienen el poder real de decidir a quien ponen o a quien quitan. De allí que la opinión, lo que se diga, sea la que sea es la que debe cumplirse... he ahí el concepto: lo que quiera el pueblo no es más que el ejercicio de esta forma de gobierno: por lo tanto los elegidos para gobernar son una especie de contratados para que realicen las labores propias del Estado, de entre los que se encuentran el manejo de los destinos del país, y han sido elegidos por ese gran grupo que se denomina Pueblo. De esto se puede deducir, una deducción simplista: que no importa lo que diga, lo que opine el pueblo es necesario entonces hacer lo que el pueblo diga, decida y quiera... la expresión más básica de democracia. Pero, ¿qué pasa ahora que nuestros pueblos latinoamericanos se manifiesta casi al unísono suplicando soluciones en contra de la inseguridad, en contra de las bandas de delincuentes que de pronto proliferaron en nuestro países y que lejos de ser casos aislados se están volviendo una constante que es cada vez más real, masiva y con una presencia imparable en poblados, cantones, colonias y ciudades?
Alguien dijo por ahí, un abogado para ser más exacto, en una entrevista realizada en un programa de televisión en relación a las “maras” y a los grupos de delincuentes organizados y a las posibles soluciones que este problema pueda tener: “...no todo lo que el pueblo quiera puede ser tomado en cuenta...”
Es de lo más retórico, de lo más demagógico dar una respuesta con esta irresponsabilidad cuando el peligro es real, justificado, lo vemos y lo sentimos cada día. La seguridad nacional y local es una obligación del Estado que debe realizar por medio del Gobierno que detente en ese momento el Poder... y la premisa es verdadera, cada semana, sino es que cada día, muere alguien en algún punto de nuestro país, y no se está haciendo absolutamente nada. La reacción vendrá cuando sean otros gobiernos los que se involucren en un asunto nuestro y comiencen a solucionar los problemas que las autoridades salvadoreñas, desde las trincheras que sean y deban, que son de completa competencia salvadoreña. Las necesidades del pueblo son evidentes y más allá de las inconstitucionalidades teóricas que cada institución ha venido planteando a manera de “apatía” o miedo, es necesario recordar a los que hacen las leyes, y a los que pretender hacerlas cumplir que éstas inicial y fundamentalmente se hicieron y sirven para poner un orden en la vida cotidiana de un pueblo, y si la vida cotidiana es alterada por un factor no previsto y no se encuentra en la legislación una solución es necesario e imperativo encontrar esa solución... esto es democracia en su forma más real y dinámica. Por lo que si el pueblo ha hecho patente su necesidad de seguridad y por evitar aplicar lo que “por justicia” se nos debe a todos ante tremendas realidades es necesario cambiar la constitución, pues habrá que hacerlo... todos tenemos la obligación de exigirlo. |






