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Sobre Alex de Valente

 



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MI PERFIL

SEÑORAS Y SEÑORES… ÉSTA ES ALEX DE VALENTE

Era la infancia, esos primeros momentos lúcidos, y no tan lúcidos, en donde su mente empezaba a cuestionar, a no estar de acuerdo con muchas de las formas de sus vivencias externas… época en la que algunos personajes ficticios, pero más reales que los de carne y hueso, le impresionaron poderosamente: los que parecían buenos, muy buenos, rayando en seres celestiales y hasta poderosos… mostrándose perfectos, de expresiones absolutas y risíacas por demás.
Fue esa época en la que los conceptos de aquellos que se suponía que sabían más, solo distraían y disfrazaban sus incapacidades reales… sus miedos en prudencia; sus limitaciones en resentimientos hacia los otros, denominándose “rebeldes… intelectuales”; sus incapacidades en incomprensión de los demás; su falta de roce social en personalidades “especiales” y así cualquier cantidad de justificaciones… época en la que los amores demandaban expectativas fuera de cualquier racionalidad, “valores” familiares que no eran más que taras bien manejadas… tantas y tantas imágenes que no concretaban nada consistente, de amantes que se jactaban más de lo que en realidad eran… de películas inolvidables, telenovelas ridículas, todo con esa sobrepasada influencia emocional que no entendió nunca.
Rodeada de una pléyade de mujeres femeninas en extremo… trabajadoras, luchadoras que aún dentro de una realidad nada sencilla, tenían, quizá inventaban sus propios motivos para sonreír.
Dentro de una limitada realidad, más de ideas que de una comodidad material… espacios y tiempos en donde era urgente hacer la primera comunión, era la exigencia del salesiano colegio católico… en medio de estas energías fue desarrollándose la niñez de Alex de Valente.
La lectura estaba próxima a tocar su vida… y fue irónicamente el catecismo, el que “la niña Pacita”, quien en una paciencia casi celestial, le enseñó, el que la llevó a esos otros mundos, los mundos mágicos de los libros. Así que a sus seis o siete años, de un día para otro “devoró” el colorido librito que debió estudiar para recibir la primera comunión… la que, según lo que le aseguraban todos, iba a llevarla al lado de Dios, iba a volverla diferente... esperaba volverse nívea y diáfana al “confesar su pecados” al sacerdote con quien la llevaron el día previo a su primera comunión, pero, qué pecados se pueden tener a los seis o siete años… sin embargo, y para desilusión suya ni encontró a Dios en ningún lado, ni le salieron las tan promocionadas alas de ángel, y siguió en sus momentos infantiles… “normales”.
Luego en un pequeño accidente de coche, el primero de muchos, fue que esa pierna quebrada la hizo encerrarse por más de un mes en la casa materna… así que su madre, esa intuitiva mujer le llevó desde cómics, revistas, libros de cuentos mágicos, textos de geografía, sus primeras novelas, en fin, libros de cualquier tema… y voló, voló a esos otros mundos paralelos,,, le gustó leer, leer mucho, investigar y averiguar el por qué del por qué, el para qué, el cómo y qué… sin embargo no escribía, no escribía para nada, leía pero no escribía, ni soñaba en escribir. Alex de Valente
Ya en su adolescencia, en ese fuerte encuentro con su realidad… “real” frente a su realidad interna disociada con su realidad externa, su diálogo personal se volvió cada vez más fuerte, más exigente y permanente… Alex no encajaba en esas realidades en donde todos eran tan “normales”, que esa “normalidad” se le volvió el reto más incoherente, más incongruente y desconcertante.
Seguía leyendo, a diferencia de sus contemporáneos y contemporáneas, que veían que leer la hacía “pensar demasiado”… era innecesario pensar, para qué.
Esa nueva etapa  de la vida no fue fácil, así que se determinó a “ser”… simplemente a ser, sin que la opinión de los otros valiera mucho. Así se encontró con dos grandes amigas, las que según ella, aún la acompañan desde esos años: la soledad y la tristeza.
La tristeza y la soledad han sido sus amigas, sus compañeras… y no se fueron de su lado... pero, aprendió a disfrutarlas para que fueran “el motor” que después hiciera, creara y finalmente escribiera.
De pronto hubo amores fugaces, clandestinos… “prohibidos”, pero igualmente intensos, en la adolescencia y juventud que la sacaron temporalmente de esa inercia melancólica en su incipiente vida afectiva…
Sin embargo al final de esos mini-ciclos, la tristeza y la soledad, muy sagaces ambas, la divisaban y volvían a encontrarla… y burlonas, pero sarcásticamente satisfechas, volvían a abrazar su vida.
En los años de universidad aparecieron algunas musas emergentes y casuales para una que otra historia erótica, con las que produjo situaciones que, ficticias como las mismas personas que las encarnaron, se quedaron en la memoria para que años después escribiera una que otra historia, que luego se compilaron en “Cuentos Cortos… Mis Cuentos Cortos (una Saga de Erótica Lésbica)”.
Pasaron los años y… fue después de los terremotos del 2001 que Alex de Valente descubrió dentro de si misma a la escritora… esos tiempos “muertos” que se generan a partir de una tragedia de esta envergadura, la encerraron en su apartamento y la halaron a sentarse frente a su computadora, esa no muy moderna pc de esos años fue testigo de sus primeras letras y “escrititos”, como los llamó objetivamente, que siendo de política, de historia, de filosofía, psicología, de sexualidad y demás… le dieron la oportunidad de expresarse frente a los otros.
Una amiga y vecina fue el enlace con un periódico de alta circulación en esa ciudad de San Salvador… la que llevó esos primeros “escritos” al jefe editorial y así la gente empezó a leerla... a criticarla y a mostrarle cierto interés, aprobación, desaprobación a sus opiniones.
Fue tan “fácil” que así como llegó, así terminó y se fue… el propietario de ese rotativo argumentó que sus opiniones eran demasiado “fuertes”… y sus anunciantes, extremadamente sensibles.
Sin tener ahora una vitrina en la que exponer no se desanimó, tarde o temprano surgiría otra, o, ella misma generaría una… y siguió escribiendo y escribiendo, sin mayor escuela o experiencia y en vista de la especial condición que la misma vida le diera, hizo “una limonada del limón”… y pronto apareció “Del Otro Lado de la Sexualidad…”, su autobiográfico.
Todo fue volviéndose difícil, de pronto se corrió el rumor de su sexualidad… se regó de tal forma que la marginación laboral fue paulatina, pero imparable y la dejó sin una forma de ganarse la vida.
“Ah mi gente…”, pensó Alex, “… señalan para tapar sus propias realidades”.
Ahora ya no era “la niña rara”… era una mujer calificada en medio de ese resabio medioeval, como anormal.
Pero, no se intimidaba: sociable por convicción, inteligente por genética de ambos progenitores, demandante por naturaleza, disciplinada, de gran voluntad para alcanzar sus metas, obsesivamente perfeccionista, lo cual le ha traído muchos problemas con su entorno… así como de una tendencia a la exageración, a la excesiva efusividad y afecto.
Sin luchar de frente contra los naturales impedimentos del medio, ¿para qué?... cuando la ignorancia está instalada fuerte y sólidamente, la peor estrategia es luchar de frente… era su medio y sigue siéndolo, un mundo medioeval, ignorante y miedoso por antonomasia: El Salvador y Centro América… en esos espacios nadie creía en su “material”, el que iba escribiendo “por ratos… a pedazos” a instancia de sus energías, de sus experiencias.
alex de valenteAsí pasó algún tiempo, en la incertidumbre de si misma, y escribió artículos para Marcos Barraza, quien le dio un espacio en “los bárbaros del norte”, la revista mexicana de crítica política, donde le publicaron casi todo, ya fuera cursi, fuerte, ofensivo quizá, brutal… tuvo de nuevo un espacio de expresión.
Algo en su interior está diciéndole permanentemente que en cualquier momento se abrirían esas “puertas”, quizá no las frontales, quizá las traseras, igual se puede entrar por ambas, para llevar a otros espacios sus letras, sus pensadas, sus “sentires”… y seguir rompiendo las barreras del miedo que genera la ignorancia.
Era ahora la imaginación, junto con la tristeza y la soledad que se volvieron sus constantes mentales y emocionales, para que junto con alguna que otra experiencia de vida a sus tardíos treintá’s, re-encontrara a su musa e inmediatamente escribiera en un mes y medio su primer novela “La Magia y el Misterio”, luego la segunda “Mi Verdadera Historia…”, después “Si no creyera…”, posteriormente “La Muerte no separa a las Almas” y así varios ensayos más y una que otra novela.
Ésta es Alex de Valente… y, aún faltan un par de páginas que escribir en su vida.